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Sugerencias para la liturgia del Domingo del Sacerdocio

del domingo, 30 de octubre de 2011, Trigésimo Domingo en tiempo ordinario

Introducción a la Liturgia del Día

Los feligreses y líderes laicos pueden entre otras cosas celebrar una Misa como una manera de observar este día especial. El comité litúrgico de la parroquia puede hacer mención del “Domingo del Sacerdocio” en la introducción a la liturgia de ese día. Como por ejemplo:

Para poder ser siervos de Dios, somos llamados a ser humildes como Jesús mismo fue humilde. En este Trigésimo Primer domingo del Tiempo Ordinario, la iglesia de Estados Unidos observa el “Domingo del Sacerdocio”. A través de la lente del misterio pascual – que es propiamente la vida, muerte y resurrección de Cristo y el subsecuente regalo del Espíritu Santo, quien nos une a Dios mismo – todos los bautizados estamos llamados a la misión. Los siervos fieles de la Iglesia, ya sean ordenados o laicos, reconocen que la vida es una jornada. Ninguno de nosotros es perfecto, y es por esto que buscamos la gracia de Dios para que moldee nuestros corazones a la imagen del Amor Divino. Esto no lo logramos solos. Pertenecemos a una comunidad llamada la Iglesia. Esta comunidad establecida es atendida por sacerdotes quienes nos guían espiritual y ministerialmente. Hoy en particular, oramos para que el Espíritu Santo continúe inspirando la misión de Cristo y que fortalezca el servicio humilde que prestan nuestros sacerdotes.


Reflexión

Las lecturas del Trigésimo Primer Domingo del Tiempo Ordinario son muy ricas interpretadas a través de la lente del servicio. El evangelio de Mateo nos exhorta a no dejarnos seducir por la gloria de aquellas cosas que nos impiden ejercer un apostolado autentico: títulos, puestos de honor, no ayudar a los necesitados, etcétera. Cristo nos reta a todos en nuestra interpretación de lo que entendemos por el apostolado, o sea, lo que verdaderamente significa ser Católico Cristiano, cuando dice: “El más grande entre ustedes se hará el servidor de todos. Porque el que se pone por encima, será humillado, y el que se rebaja, será puesto en alto.” (Mat 23:11-12). ¿Entonces el discipulado se trata de la humildad o de ser humildes? Las palabras humilde y humildad vienen de la palabra latina ‘humus’ – tierra o polvo. Tomemos la imagen de un gusano. El gusano está cerca de la tierra, por lo tanto cubierto de tierra y respira polvo. Ser humilde es reconocer que la vida es desorganizada, especialmente la vida espiritual. Como ya sabemos, la vida es una jornada que consiste en dejar que Dios obre dentro y a través de nosotros por el poder del Espíritu Santo. El Espíritu nos ofrece la posibilidad de crecer a la imagen y semejanza de Cristo. La primera lectura nos recuerda que estamos en una alianza con Dios. Dios estableció estar en alianza con el propio pueblo de Dios. Como discípulos, renovamos esta alianza todos los domingos durante la celebración de la Eucaristía. Permanecemos en relación con el mismo Dios que nos ha creado (¿No nos ha creado a todos un mismo Dios? –Mal 2:10, primera lectura). Cuando respetamos la alianza, cumplimos con lo que Dios quiere para nosotros, servir a Dios y los unos a los otros. Dios está trabajando a través de los siervos de Dios para que la voluntad de Dios continúe manifestándose en nuestras vidas. O como nos recuerda el evangelio, tenemos que practicar lo que predicamos.Después del Credo siguen las intercesiones generales.

Dentro de la iglesia, hemos ordenado sacerdotes para que nos ayuden a discernir el llamado que nos hace Cristo en nuestras vidas. La mayoría de nuestros sacerdotes entregan mucho de sí mismos para podernos ayudar a mantenernos en los caminos verdaderos de fe profunda y amor a Dios y al prójimo. Sin ellos, la mayoría de nosotros estaríamos perdidos y no siempre practicaríamos nuestras creencias. Muchos de estos sacerdotes excepcionales, viven verdaderamente lo que el evangelio nos ha llamado a todos a vivir, a ser discípulos humildes sirviendo a los necesitados, ya sean necesidades espirituales o económicas. A través de sus vidas y una profunda fe dan testimonio del amor generoso y abundante de Dios.

Para que nuestros corazones puedan crecer en el amor a Dios, ya sea que seamos laicos o religiosos ordenados, debemos hacernos humildes para poder ver el camino que Dios tiene planeado para cada uno de nosotros. La jornada de la fe es un camino de aceptación del amor bondadoso y generoso de Dios dentro de nuestros corazones para poder compartir la fe, esperanza y amor de Dios unos con otros. Por supuesto que esto lo hacemos siguiendo el mandato de Cristo de ser humildes y crecer en la humildad.

Después del Credo siguen las intercesiones generales. Después de las intercesiones, ya sea que lo haga toda la asamblea o solamente el presidente del consejo pastoral, se proclama la bendición.

Intercesiones Generales (opcionales)

Introducción:

Habiendo escuchado la proclamación de las obras salvíficas de Dios entre nosotros, presentemos ahora nuestras necesidades ante el Dios de la alegría y de las promesas.

Por la Santa iglesia de Dios:
Para que nuestro papa, obispos y sacerdotes continúen trabajando con humildad, justicia y servicio fiel.
Oremos al Señor.

Por las naciones y sus gobiernos:
Para que escuchen el llamado a trabajar por la justicia, paz y equidad entre naciones y por los pueblos a los que sirven.
Oremos al Señor.

Por los que han sufrido abuso:
Para que aquellos que han sufrido abuso por parte del clero, encuentren fortaleza, esperanza y paz.
Oremos al Señor.

Por el aumento de las vocaciones sacerdotales y religiosas:
Para que tanto los hombres como las mujeres respondan al llamado de Cristo para servir en el sacerdocio, diaconado o vida religiosa.
Oremos al Señor.

Por todos aquellos que sufren enfermedad, hambre o soledad:
Para que encuentren en nuestras comunidades apoyo constante y bondad generosa.
Oremos al Señor

Por aquellos que sufren de incertidumbre, miedo o ansiedad:
Para que la paz del Cristo los abrace y los guíe a su luz consoladora.
Oremos al Señor.

Por todos los aquí reunidos en este santo lugar:
Para que Dios continúe respondiendo al llamado de Cristo de ayudar al pobre y afligido.
Oremos al Señor.

Dios generoso y bueno, escucha las oraciones de tu pueblo.
En tu infinito amor, inspira a nuestros sacerdotes a servirte en completa fidelidad.
Escucha las oraciones de quienes creen en ti.
Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor. Amén*

Continúa fortaleciéndonos y a todos aquellos quienes te sirven a Ti y al ministerio de la Iglesia, especialmente nuestros sacerdotes.
Te pedimos todas estas plegarias en nombre de Cristo nuestro Señor.*



Bendición para el Sacerdote(s) de la Parroquia

Un miembro del consejo parroquial u otra organización líder de la parroquia o un diácono, puede invitar a los miembros de la asamblea a unirse a la bendición del (los) sacerdote(s) de la parroquia. Esta bendición puede llevarse a cabo en seguida de la oración después de la comunión. Esta bendición puede usarse en vez de la bendición después de las Intercesiones Generales.

Los ministros de la Iglesia son muchos y diversos, pero Dios muestra su bondad al enviar sacerdotes para cuidar del pueblo de Dios. Hoy le pedimos a Dios que bendiga al Padre ___________________, quien construye el cuerpo Cristo con fidelidad.

*Si se hace la bendición para los sacerdotes, la oración anterior se omite y se usa la siguiente bendición:

Se invita a toda la asamblea a que extienda ambas manos sobre el sacerdote.

En tu amorosa compasión, Dios bueno y generoso, nos enviaste a tu Hijo para que fuera nuestro pastor y guía. Padre __________________ (nombre del sacerdote a quien se dirige la bendición) continúa el ministerio de Cristo de trabajar en el viñedo sosteniendo y guiando a tu pueblo santo. Bendice al Padre ____________________ (nombre del sacerdote a quien se dirige la bendición). Permite que tu Espíritu lo sostenga siempre en su servicio a los files de esta parroquia. Te lo pedimos por medio de Cristo nuestro Señor. Amén.

(La bendición anterior es una adaptación de la “Bendición por Aquellos que Ejercen el Servicio Pastoral.” Tomado del Libro de Bendiciones (Washington, D.C.: ICEL, 1987), Pág. 689.

Oración Final:

Tú que nos das todo lo que es bueno
Dios de abundante misericordia y bondad.
Escucha la oración de tu pueblo,
Y llévanos a una unión más cercana con tu Hijo,
Jesucristo, nuestra promesa de esperanza,
En cuyo nombre ofrecemos esta oración,
Él que es Dios, por los siglos de los siglos.
Amén

Oración Para La Afirmación Y Fortalecimiento En La Santidad De Los Sacerdotes:

Esta composición es un arreglo de frases tomadas de antiguas liturgias para la ordenación, (véase: Bradshaw, Ritos de Ordenación de las Iglesias Antiguas de Oriente y Occidente), que enfatizan el llamado a la santidad (integridad, pureza). Las Ordenaciones siempre comienzan con el Rito de Elección. La proclamación que da comienzo a esta oración se encontraba al final de este rito e invitaba al pueblo a reafirmar este llamado por medio de oración, pidiendo que la persona fuese fortalecida en la santidad en conformidad con su llamado, reconociendo que ambos, el llamado y la santidad, provienen de Dios.

Gracia Divina, que siempre sanas lo que está enfermo y proporcionas lo que carecemos, has llamado a tus amados hermanos a un ministerio sagrado. Oremos para que sean fortalecidos y confirmados con la gracia del Espíritu Santo.

Llénalos de gracia y consejo, para que te amen con todo su corazón, toda su mente y toda su fuerza. Concédeles una conducta irreprochable, una fe firme y buenas obras para que puedan ayudar y guiar a tu pueblo con generoso entusiasmo.
Concédeles sabiduría, permite que sus mentes sean prudentes y alertas, para que puedan llenarse de obras de sanación y conocimiento. Permíteles que instruyan a tu pueblo en la mansedumbre y que te sirvan con toda santidad con una mente íntegra y un espíritu dispuesto.

Permíteles ser la luz de tu Hijo unigénito, para que la palabra de tu evangelio sea propagada y tu nombre sea glorificado en cada creatura.

Permíteles servir en tu santo altar con un corazón puro y una conciencia limpia. Concédeles prosperar en todos tus mandamientos y en guardar tus preceptos, para que sean capaces de servir en su ministerio con regocijo hasta el día de tu venida.

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